CIENCIA, MEDICINA Y BALAS MÁGICAS

El discurso en contra de la pandemia y la ofensiva diaria en contra de las vacunas, los procesos de diagnóstico y el número de muertes por la COVID 19, exige , desde mi punto de vista, una respuesta tranquila, prudente, sin agravios, enarbolando la bandera de los sabios cuya obra nos precede, recordando nombres, fechas históricas y descubrimientos de la ciencia en favor de la salud y la vida de las personas, más que invertir energía y tiempo en rebatir sofismas pletóricos de intereses espurios y destructivos, que podrían conducir a una deriva social sin precedentes, o a desempolvar sentimientos felizmente superados.

Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, se descubrieron la mayor parte de los patógenos bacterianos y su relación con muchas enfermedades hasta entonces mortales o moralmente reprobables, como la tuberculosis, la difteria y la sífilis.

La formulación de hipótesis y el uso del método científico, permitió adquirir conocimientos objetivos tras años de investigación, ensayo y error, verificando aquellas hipótesis iniciales y permitiendo transformar las enfermedades en eventos con causas conocidas y por ende, tratables, al menos como una nueva hipótesis de trabajo a cargo de modestos laboratorios y sus tenaces responsables, ajenos al desaliento como única bandera.

Con un objetivo argumentativo, describiré en forma muy reducida, descubrimientos y avances de la medicina de la profilaxis, sus protagonistas, y como fueron los primeros pasos de lo que Paul Ehrlich (1854 – 1915) denominó como “balas mágicas”, apelativo que fue una expresión de deseo en sus orígenes, pero una realidad cada vez más concreta en con el devenir de los años.

El instituto Robert Koch en Alemania y el Instituto Pasteur en Francia, fueron los pioneros, junto a nombres como el del mencionado Paul Ehrlich, en el estudio y tratamiento de enfermedades como la tuberculosis, sífilis, difteria y el tétanos.

En 1882, Robert Koch, descubridor del bacilo de la tuberculosis, formó un equipo de trabajo con Paul Ehrlich, Emil von Behring, Erich Wernicke y Shibasaburo Kitasato con el fin de iniciar, lo que en años posteriores sería la terapia basada en anticuerpos.

Shibasaburo Kitasato, codescubridor del agente etiológico de la epidemia de cólera de Hong Kong (1894) y Emil von Behring (Premio Nobel de Medicina 1901) demostraron que el suero de pacientes humanos o caballos podía usarse para prevenir o tratar enfermedades en otros individuos. De estos trabajos y su incansable empeño, surgió el aislamiento de la toxina diftérica en 1888 y su posterior profilaxis.

De estos primeros pasos, y tras muchas décadas de investigación y trabajo individual y en grupo, en regiones del mundo y por países, (el Instituto Pasteur tiene sede en 27 paises) surgieron descubrimientos como la penicilina (1928), la estreptomicina (1943), hasta llegar poco más o menos al descubrimiento de las balas mágicas con las que soñaba Paul Ehrlich.

VACUNA ANTIRRÁBICA. Joseph Meister, un niño francés de 9 años, pudo salvar la vida, en 1885, después de ser mordido por un perro con rabia, gracias a la primera vacuna surgida del trabajo de Louis Pasteur en la atenuación del virus rábico por múltiples pasajes en animales y su posterior aprovechamiento para estimular defensas en los organismos inoculados.

El año 1955 marcó un hito en la historia de la medicina y la profilaxis de una enfermedad devastadora: la poliomielitis. Jonas E. Salk (1914 – 1995), médico y virólogo estadounidense, ve como su proyecto de investigación se transforma en la primera vacuna contra la poliomielitis.

En 1962, la poliomielitis encuentra otro freno a su avance incapacitante y mortal en muchos, casos de la mano de la vacuna Sabin Oral, desarrollada por el virólogo polaco – estadounidense, Albert Sabin (1906 – 1993).

Entre los años 1973 y 1975, Cesar Milstein y Robert Kohler (ambos Premio Nobel de Medicina en 1984) desarrollaron una técnica para la obtención de anticuerpos monoclonales, el paradigma de las terapias dirigidas y selectivas contra enfermedades tan devastadoras como el cáncer, el rechazo de órganos en pacientes transplantados y enfermedades inmunomediadas como la artritis reumatoidea o la enfermedad de Crohn.

El desarrollo del descubrimiento de Milstein y Kohler, se transformaría en un paso de gigantes, en la guerra contra el cáncer y otras enfermedades, aportando un valor añadido al deseo de Ehrlich de contar con medicamentos ideales que actuaran de forma específica contra un patógeno, sin ocasionar efectos secundarios en el paciente” : sus idealizadas “balas mágicas”.

Este salto entre hitos de la medicina de la profilaxis, omite por razones de brevedad, que no de importancia,  descubrimientos y desarrollos como la vacuna contra el sarampión, la contemporánea vacuna contra el papiloma humano, la búsqueda continua de medios de inmunización efectivos y duraderos contra las enfermedades tropicales y todos los grandes esfuerzos para lograr que los alimentos sean seguros para las personas, en un esfuerzo titánico por la convivencia entre la Salud Pública, el bienestar animal y la conservación del medio ambiente.

CONCLUSIÓN. Solo la constancia, la divulgación del valor de la investigación y el recuerdo continuo del trabajo de aquellos prohombres de la ciencia, nos debe dar la fuerza necesaria ante el acoso incesante de la ignorancia intolerante, que disfrazada de opinión, pretende dividir a una sociedad angustiada y confundida mediante discursos oscurantistas, sin base científica, en contra de las vacunas, los medios de profilaxis y la enfermedad misma.  Estar sólidamente formados, nos otorga la protección necesaria y la ilusión de poder enfrentarnos a este virus devastador, sin tener que distraernos en estériles alegatos vacíos e intrascendentes. En usufructo de nuestra condición de universitarios (UNIVERSITAS “el conocimiento universal de las cosas”) debemos asumir este papel ante la sociedad. Debemos INFORMAR y DIVULGAR el valor de la CIENCIA. 

 

 

 

 

 

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Veterinario, PhD.