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Lo he visto en Internet..ComentariosEditorial

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Lo he visto en INTERNET

Como una sentencia de infalibilidad, esta frase ha empezado a formar parte del requisito necesario que tiene que cumplir cualquier procedimiento, situación ó suceso para poder ser creíble.

Internet ha llegado para quedarse, y como toda innovación que llega a nuestras vidas, trae consigo cosas buenas y cosas malas, y en muchos casos, esta polaridad depende más del uso que se le dé, que de su propia entidad o definición.

Desde mi punto de vista, y valorando los aspectos positivos como el aumento de la interactividad entre las personas, la comunicación, la ingente cantidad de información y el tiempo que se evita en desplazamientos, reuniones, la oportunidad de negocios, el acceso a la comparación entre ofertas y servicios, y muchas otras cosas  buenas que contrastan con muchos de los aspectos negativos de esta forma contemporánea de comunicación y acceso a la información entre las personas.

Sin duda, el aspecto que más nos afecta a los veterinarios es la información que permite a cierto tipo de propietarios sugerirnos tratamientos o diagnósticos para el problema de su mascota, cuando no a enmendar la plana y contradecir todo una elaboración diagnóstica o terapéutica basada en nuestra aplicación de los conocimientos adquiridos para ejercer esta profesión.

Confiar en los consejos de una página web, o de los integrantes de un foro, a priori parecería todo un alarde de imprudencia por parte del propietario hacia el veterinario, cuando no una arriesgada apuesta hacia la salud de su mascota, sobre todo cuando se recibe y difunde un tratamiento; pero sin abundar en esta primera parte por lógica y conocida por todos, si que me detendré (opinando) con la licencia que me otorgan los casi 30 años de ejercicio profesional, que cargo a mis espaldas, en dos situaciones que por habituales no dejan de sorprendernos, indignarnos y predisponernos mal en muchos casos.

  1. Cuando un propietario destaca con énfasis sus conocimientos adquiridos en experiencias empíricas a través de la sentencia “soy criador”, “en mi casa siempre ha habido perros”, ó “lo he visto en Internet”, me permito sugerir a la compañera/o que se tranquilice, recurriendo en primera instancia a la educación, la paciencia y la obligada sapiencia que otorgan los años de estudio, y para cortar de raíz el despliegue y alarde intimidador de su interlocutor , utilice, un tranquilo, sereno y taxativo: ¿bien, en que le puedo ayudar yo?.

Esta pregunta sin duda debería ser contestada con una descripción concreta de lo que le ocurre a su mascota, que nos permitirá ponernos a trabajar en el verdadero protagonista del problema: la enfermedad o problema que padece el animal, y no la calidad o cantidad de los conocimientos de su propietario.

  1. Si el propietario persiste en anteponerse como protagonista del problema que afecta a su animal, y su arrogancia no le permite reconocer que ha recurrido a nosotros para solucionarle el problema, nuevamente debemos echar mano de la educación, la paciencia y el don de gente que debería caracterizar a un profesional ungido por los óleos de la sabiduría universitaria, para sugerirle al propietario que no somos nosotros quien podemos solucionarle el problema ya que su criterio personal se interpone entre el problema de su animal y nuestro trabajo. Sin miedos ni remordimientos empresariales, debemos renunciar a este tipo de clientes, ya que ellos de antemano desprecian nuestro trabajo recurriendo a “su experiencia” (y/o internet) para conducirnos (obligados) a la elaboración de un diagnóstico y un tratamiento que si sale bien, será reconocido con una frase como “se lo tuve que decir todo yo”, y si sale mal dirá “es que los veterinarios no tienen ni (palabra malsonante) idea de nada”. Este cliente minoritario, apreciados compañeros, no vale la pena. Debemos centrar esfuerzos, energía y tiempo en el 99,99 % de nuestros clientes: aquellos que nos confían la salud de sus mascotas y respetan nuestro trabajo.

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